El ruido entre el centeno
De las mil y una cosas impactantes que nos han ocurrido estos días, es difícil decir cual de ellas se llevaría la palma. En cualquier caso, fuéramos donde fuéramos nos recibían como a héroes de guerra con gritos tribales, collares de flores, cocos partidos donde beber agua fresca y una incontable variedad de comida local servida en hoja de banano recién cortada, dispuesta a ser saboreada y cogida con nuestras propias manos. Aún recuerdo ese escalofrío de felicidad que me recorrió el cuerpo cuando escuché, al bajarnos del coche en cada escuela gritar a los niños de alegría, darnos la bienvenida en su dialecto; el oriya,cantando "swagadam swagadam" (bienvenidos, bienvenidos) y dedicarnos bailes locales embutidos, niños y mayores en sus trajes tradicionales. Quizás sean sus ojos negro azabache, ardientes por la curiosidad, sus sonrisas tímidas con las que nos acercaban sus libretas para que les dejásemos una dedicatoria o el canto con que llaman desde el templo de Jagannat...